Un primer acercamiento al ejercicio de atender mis mayores complejos físicos que han
sido fruto de los accidentes, o las propias circunstancias de la vida. Se entrelazan la
ignorancia, heridas emocionales, las condiciones biológicas y genéticas de mí misma y la suerte. 
La meta es la reconciliación con mi propio cuerpo, mostrarme vulnerable ante el otro para
comenzar el camino hacia la aceptación de las cicatrices que la vida va dejando en mí.

Es también la búsqueda de lo bello en lo vulnerable, lo roto, lo descuidado, lo
indecente, lo obsceno.

Para después de reconciliarme y aceptarme, llegar al amor. El amor propio que
implica perdonarme a mí misma constantemente, reconciliarme conmigo misma, proceso no lineal y que exige 
que se realice de manera repetitiva y recurrente a lo largo de la vida. 
Este ejercicio implicó mostrarme por primera vez desnuda ante la cámara frente a personas cercanas y que
fueran ellas quienes me fotografíen como un ejercicio de enfrentar mis propias
inseguridades.

Amarme a mí misma: el viaje constante, el aprendizaje eterno. 

                                                                                             J

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